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Crónica N.º 68 · La Argentina contemporánea

Los Carapintadas

1987 a 1990: Semana Santa, Villa Martelli y el límite militar a la transición.

1987 a 1990 · 8 minutos · Con audioguía

Deslizá

Capítulo I

La democracia a prueba

1987: oficiales pintados de negro amenazan el orden constitucional.

La transición no terminó el 10 de diciembre de 1983. En Semana Santa de 1987, un grupo de militares —los carapintadas— se alzó contra el gobierno de Raúl Alfonsín. No pedían un golpe clásico: pedían freno a los juicios por la dictadura y un límite al poder civil sobre las Fuerzas Armadas.

La democracia recuperada descubrió que el cuartel todavía podía imponer agenda.

Ver pieza en la colecciónRaúl Alfonsín, presidente de la Argentina

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La Plaza defiende la democracia frente al alzamiento

Ver pieza en la colecciónRaúl Alfonsín en 1985, en los primeros años de la democracia restaurada

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1987–1988: los carapintadas desafían el poder civil

El alzamientoLa Plaza

Deslizá hacia la derecha para ver el otro plan

Ver pieza en la colecciónRaúl Alfonsín, presidente de la Argentina

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Alfonsín: la democracia civil bajo presión militar

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Capítulo II

Semana Santa y Villa Martelli

1987 a 1988: más de un alzamiento; la sociedad responde en la calle.

En abril de 1987, el foco fue Campo de Mayo. Alfonsín negoció y habló a la multitud en Plaza de Mayo: «La casa está en orden». Meses después, en Villa Martelli (1988), el desafío se repitió. Cada vez, civiles salieron a defender el orden constitucional; cada vez, el gobierno pagó un precio político.

El mensaje de los carapintadas era claro: la justicia por el terrorismo de Estado tenía un techo. El mensaje de la Plaza también: no se volvería a 1976 sin pelea.

Ver pieza en la colecciónRaúl Alfonsín en 1985, en los primeros años de la democracia restaurada

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La justicia de la transición: el hilo que los carapintadas quisieron cortar

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Semana Santa

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Villa Martelli

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indultos de Menem

Capítulo III

Leyes e indultos

Punto Final, Obediencia Debida y el cierre que vino con Menem.

Antes y después de los alzamientos, el Congreso sancionó Punto Final y Obediencia Debida: límites legales a la persecución penal. En 1989–1990, Carlos Menem indultó a condenados de la dictadura y a guerrilleros. Para muchos, fue la paz posible; para otros, impunidad.

Los carapintadas no «ganaron» el país. Condicionaron cuánto podía avanzar la memoria judicial en la primera democracia. La sala del Juicio a las Juntas cuenta el pico; esta cuenta el freno.

Ver pieza en la colecciónJuicio a las Juntas Militares, 1985

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El Juicio a las Juntas: el pico de justicia que la transición no pudo sostener intacto

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Ver pieza en la colecciónCarlos Menem asume la presidencia, 1989

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Menem: los indultos que cerraron el ciclo abierto por los alzamientos

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La casa está en orden.

Raúl Alfonsín

Plaza de Mayo, Semana Santa de 1987, tras el alzamiento carapintada

Capítulo IV

El límite del poder civil

Sin golpe total, la democracia aprendió a medir su vulnerabilidad.

Los carapintadas no restauraron la dictadura. Dejaron otra herida: la certeza de que, en los ochenta, el uniforme todavía podía negociar con la Constitución. Alfonsín sostuvo la forma democrática; el costo fue acotar la justicia.

Para leer la transición completa hay que cruzar Elecciones 83, Juicio a las Juntas y esta sala: la democracia ganó la calle, pero no sin ceder terreno en los cuarteles.

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La democracia que sobrevivió a los alzamientos — y cargó con sus pactos

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Patrimonio visual

Piezas de «Los Carapintadas»

Salidas de sala

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