Carlos III dibujó un virreinato nuevo con capital en Buenos Aires.
Tres décadas después, esa misma capital haría la revolución que destrozaría el mapa colonial.
Carlos III segrega del Virreinato del Perú un nuevo distrito con capital en Buenos Aires. El Río de la Plata deja de ser periferia: pasa a ser centro administrativo, militar y comercial del Cono Sur.
De ese mapa colonial (que incluía lo que hoy es Argentina, Uruguay, Paraguay y partes de Bolivia) nacerá, tres décadas después, la revolución que lo hará pedazos.
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