En los llanos de Maipú, a las puertas de Santiago, San Martín destroza al ejército realista que un mes antes había estado a punto de aniquilar la Revolución en Cancha Rayada. En seis horas, el poder español en Chile deja de existir.
En el campo de batalla, O'Higgins —herido en un brazo— abraza a San Martín: «¡Gloria al salvador de Chile!». El abrazo de Maipú queda como símbolo de la hermandad de las dos naciones. El camino a Lima, por fin, está abierto.
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