El general John Whitelocke firma la capitulación: sus tropas, deshechas en los combates callejeros de la Defensa, se retiran del Río de la Plata y devuelven también Montevideo. Buenos Aires, sin ayuda de España, ha derrotado dos veces al mayor imperio del mundo.
La victoria cambia algo más profundo que el mapa militar: los criollos descubren que pueden defenderse —y por lo tanto gobernarse— solos. Las milicias nacidas en las Invasiones Inglesas serán, tres años después, el músculo de la Revolución de Mayo. De regreso en Londres, Whitelocke será juzgado y declarado «inepto para servir al rey».
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