Casi 10.000 soldados británicos —la mayor fuerza que Gran Bretaña haya enviado hasta entonces a América del Sur— asaltan Buenos Aires. Los espera una ciudad entera convertida en fortaleza: milicias criollas, vecinos, mujeres y esclavos combaten desde azoteas y balcones.
El avance británico se desangra calle por calle bajo una lluvia de balas, piedras y aceite hirviendo. En dos días de combate, la ciudad indefendible se vuelve invencible. La capitulación llegará el 7 de julio.
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